Thursday, April 17, 2008

Martínez de Pisón, Ignacio. DIENTES DE LECHE. Seix Barral, 2008. 380 páginas. 20 euros.

No había leído nada de la todavía corta producción literaria de este autor. Su novela de corte costumbrista (que eso es DIENTES DE LECHE) me ha gustado porque, además de estar impecablemente escrita – ya veremos eso más adelante – tiene todos los ingredientes de una buena novela. Es decir, una historia interesante que contar, capacidad de fabulación, ingenio para combinar lo dramático con lo humorístico, e intriga o incertidumbre, a pesar de no ser una novela de ese estilo.

Nos cuenta Martínez Pisón en DIENTES DE LECHE la historia de una familia casi se podría decir que corriente, durante el período que va desde finales de la Guerra Civil hasta bien entrada la Transición; se podría decir que hasta nuestros días.

Raffaelle es un antiguo brigadista que lucho con Franco, y que al concluir la Guerra decidió quedarse en España, casándose con Isabel, a la que conoció de enfermera en uno de sus pasos por el hospital por heridas de guerra. Naturalmente no sigo contando el argumento. Esto es simplemente el inicio. El autor sabrá llevar al lector por un mundo típico y conocido (según la edad) de la España de la posguerra y las incertidumbres de los primeros años de la Transición.

Yo creo que trata de ser neutral en su episodio pero, lógicamente a veces “toca de oído”, ya que, para que se hagan una idea: cuando murió Franco el autor contaba sólo quince años. Sin embargo explica con mucha convicción y certidumbre el paso del tiempo y los momentos dulces y amargos, que también son tristes por ser algo que, aunque bueno, ya pasó, avivando con el recuerdo la nostalgia. Además, no parece que el autor esté muy convencido de la existencia después de la muerte, o por lo menos eso dice unos de sus protagonistas en diversas ocasiones, con lo cual, concluye, la vida no tiene mucho sentido.

Y para terminar, simplemente advertir que en ocasiones el relato se hace denso, precisamente porque es un libro en el que el autor expone parte de sus ideas y convicciones, no cayendo en la trampa de una trama alocada y vertiginosa más propia de una novela de acción.



Juan Carlos Eizaguirre
16.4.08

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